domingo, 12 de enero de 2025

SATURACION PUBLICITARIA, UN HASTÍO PARA EL VIEJO ROCKERO

Hoy quiero dirigirme a ti como rockero, como parte de esa audiencia a la que te empeñas en bombardear con tu presencia omnipresente. Ya no eres una invitada, sino una intrusa. Estás en todas partes, en las redes sociales, en las apps, en la radio, en la televisión, en youtube, en spotify, en las calles y hasta en los sueños que terminan siendo pesadillas cuando caigo rendido al final del día. Estas letras no son para elogiar tu omnipotencia, son para reflexionar sobre el daño que me estás haciendo así como a las empresas que recurren a ti.

Hablemos del efecto que tienes en mi, tu eterno receptor y ahora sufridor. Lo que antes era una cuestión de sugerencias y descubrimientos se ha convertido en un grito chirriante de atención. Me persigues y acosas con ofertas irrelevantes, con banners que interrumpen  el visionado de videos que saltan de manera agresiva entre canciones en mis plataformas de música favorita, con anuncios que destrozan el tracto de esa canción, ese riff, que nunca estuvieron hechos para entrecortarse. En lugar de captar mi atención, consigues alienarme y hasta enfurecerme. En lugar de seducirme, me agobias. ¿Realmente no te has dado cuenta de que menos es más?

Ahora, quiero hablar de las empresas que, en su intento por destacar, han caído en tus redes enredadas. Queridas marcas, ¿no veis que esta saturación está erosionando mi confianza en vosotras? La insistencia desmedida no solo resulta molesta, sino que también deshumaniza vuestras propuestas. Me hace preguntarme si detrás de tanta insistencia hay realmente un producto o servicio de calidad, o si solo estáis tratando de llenar un vacío con ruido publicitario.

Pero no todo está perdido. Hay un camino hacia la redención, y ese camino pasa por el respeto. Respetar los espacios de este viejo rockero, entender sus verdaderas necesidades y ofrecer contenido relevante que sume, que inspire y que informe. La publicidad puede ser poderosa cuando está bien hecha, cuando toca las fibras adecuadas, cuando conecta en lugar de invadir.

Por eso, hago un llamado tanto a la industria publicitaria como a las marcas. Basta de saturar. Optar por la creatividad, por la estrategia, por la empatía. Dejen de gritar y empiecen a hablar. Solo así podrán recuperar la atención y el respeto de quien, al final del día, tiene la última palabra, este viejo rockero.

Con esperanza y una pizca de paciencia, un viejo rockero harto, cansado y enfurecido, pero dispuesto a escuchar cuando el mensaje lo merece.

Por ahora y de momento, vade retro….
















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