Riqueza, avaricia, glotonería, ansia... consecuencias del
miedo y debilidad más primarias que pisotean al prójimo como una estampida de
temerosas ovinas.
Los que bandeamos el miedo y debilidad padecemos a personajes
y personajillos gozosos, sonrientes, triunfantes con un deje de desprecio
chulesco abofeteando diariamente a aquellos que someten a su exclusivo y
excluyente servicio, presuntamente más débiles y por debajo de sus Señorías.....
y se equivocan. Se equivocan y sobrevaloran porque lo que llaman amor propio y ambición
es en realidad miedo y debilidad ante el incierto devenir futuro.
No me cambian el pulso quienes, no sé si por azar, por
genética o por imperativo de un Dios omnipresente, gozan de hábiles cualidades
para el manejo de la vida prometiendo a su vanidad algún premio y
reconocimiento futuros en el Boletín Oficial del Estado y, aunque resulte
extraño, respeto con devoción a aquellas personas de tantas, con sus defectos y
virtudes, que ajustan con sudor, prudencia y orden las normalitas que les han
tocado en suerte para jugarlas en la partida de la vida sin perder hasta la
camisa y sin arrasar a cada hijo de vecino.
Pero a quienes ni soporto, ni justifico, ni dejo que se
justifiquen en absoluto es a quienes, hábiles o torpes, sus primitivos miedo y debilidad
empujan al acopio desmedido, irracional, carente de justificación empírica, de
unos recursos que deben ser de todos para satisfacer, por los siglos de los
siglos, unas necesidades que sobredimensionan, dejando en ayunas las mas
básicas de otros.
Si no luchamos contra ese modo de malvivir la vida, que siempre ha sido lo corriente y moneda de cambio, seguiremos alimentando un
desequilibrio social injustificable, una invitación a la gresca, cuando no a la
guerra, entre personas, entre grupos, entre países, entre continentes, que
ahora, por desgracia, se retroalimenta solito, haciendo de banqueros y
financieros los insustituibles de la Tierra, mientras se mueren de hambre
tantos inocentes.
Las necesidades deben cubrirse y satisfacerse con
equilibrio, con una racionalidad que debemos exigirnos en beneficio de todos,
con justicia, más ahora que la comunicación globalizada nos dice, en tiempo
real, donde hay socavones sociales que debiéramos de tapar con tierra y rocas
de unas lujosas montañas que se me antojan demasiado altas.
La supervivencia, si es sostenible, es vida para todos.