SIEMPRE NOS QUEDARÁ EL ROCK (PEPE HOMER)

sábado, 3 de marzo de 2012

Amiga, novia, cómplice, esposa, compañera, amante...my special rock

Llegaron como un tropel vocinglero de la mano de mi hermana, para hacer o coger no se qué en mi casa. Rondaban las cuatro amigas las 16 primaveras y cacareaban y reían en el salón como solo lo saben hacer las chicas a esa edad. Yo rulaba por mi cuarto con mi rock y, con un añito más, no quise dejar de ver ese tentador material al que mis hormonas empujaban sin freno.




Ni siquiera busqué una mala excusa; me limité a entrar en el salón y, mientras lanzaba a todas un lacónico y forzado "hola", como con desinterés y desgana, aquel segundo en que la vi sentada en el viejo sofá con las demás, preciosa, mirando como me encaminaba hacia ese mueble-bar tan cutre que servía como cama turca y raquítica librería, fingiendo ir a coger un libro que me tocaba los güevos, me dije que sería para mi...si ella quería.




Joder, aquel Madrid de mierda de los 70, todavía en blanco y negro en el que retumbaban los pasos marciales, empezó a brillar y a tomar para mi unas tonalidades casi paradisíacas, mientras para todos los demás seguía siendo un quiero y no puedo porque no me dejan y me hostian.

                                                                               

                                                                                  
La rondé, y de que manera; hice algunos aclarados con otros competidores que, nadie sabe el porqué, yo si, no volvieron a incordiar aunque la moza bien lo merecía; puse mi mejor empeño y mi mejor pose, y empecé a cambiar toda la ruina que me habían y me había calado encima. No solo estaba buena; tenía cuajo, carácter y un sentido común avasallador. Empezaba a respirar y dejar de ahogarme en aquel barrio de ensanche, de aceras térreas, ropa tendida en los patios y cotillas gritonas con delantal por doquier, mientras los chavales de doce años se fumaban a escondidas su primer "celtas" corto, confiando que sus padres todavía tardarían en llegar del curro de sol a sol.

Picoteamos aquí y allí, y allí también, siempre que podíamos, y mientras tanto nos reíamos, también discutíamos, siempre con pasión y olor que se cortaban. Empezamos a andar la vida juntos, cadera con cadera, hombro con hombro, siempre de la mano, tranquilos, confiados. Ya no estaba solo y aprendí a escuchar.




Coño, el pozo no era tan hondo, ni tan húmedo, ni tan sombrío, y quedó para lo que tenía que quedar, para beber agua fresquita y lavarnos las carnes de vez en cuando.

Musa, motivación, deseo y complicidad a raudales que puso a lo largo de este mientras tanto dos guindas de oro como premio, que labró con esmero para tener una lotería diaria que siempre toca.



Y andando, andandito, todo sigue igual; aquel segundo fue el segundo del acierto para toda una vida de perpetua confirmación. Quizás ahora lo vivamos desde dos centímetros más doblados y desde otros dos o más centímetros de perímetro, pero el brillo de mi calvicie es igualito que el de mi alma. Ole, ole y ole porque han sido y serán por siempre unas maneras de vivir.



My girl, my special rock.