SIEMPRE NOS QUEDARÁ EL ROCK (PEPE HOMER)

martes, 15 de julio de 2025

BAD COMPANY, LOS CABALLEROS OSCUROS DEL HARD ROCK BRITÁNICO

En 1973, cuando el hard rock británico rugía con fuerza desde las entrañas del Reino Unido, surgió una banda que no venía a experimentar, venía a mandar. BAD COMPANY nació como una supernova. Sus miembros no eran unos chavales de barrio buscando suerte, sino guerreros veteranos del rock:

·         Paul Rodgers – La voz. Ex vocalista de Free, con esa garganta rasgada que podía hacer temblar los cimientos del estadio más grande.

·         Simon Kirke – Batería, también de Free, sólido como un martillo en cada golpe.

·         Mick Ralphs – Guitarrista, ex Mott the Hoople, puro veneno melódico en sus riffs.

·         Boz Burrell – Bajista, ex King Crimson, sofisticación progresiva al servicio del músculo rockero.

Con semejante formación, no podían fallar… y no fallaron.

Su primer disco, simplemente titulado "Bad Company" (1974), fue una declaración de guerra a los débiles de espíritu. Grabado en Headley Grange, el mismo lugar donde Led Zeppelin forjó parte de su leyenda, este álbum es una biblia del hard rock elegante: "Can’t Get Enough", "Bad Company", "Ready for Love", "Movin’ On", "Rock Steady"… no hay relleno. Es una joya de principio a fin.

Este disco los catapultó al Olimpo: nº1 en Estados Unidos, giras multitudinarias y estatus de leyenda al instante.

Bad Company no fue flor de un día. Su racha dorada continuó: "Straight Shooter" (1975), "Run With the Pack" (1976), "Burnin’ Sky" (1977) y "Desolation Angels" (1979)

Durante esta época, Bad Company fue parte del panteón sagrado junto a Zeppelin, Deep Purple o Black Sabbath. No eran tan teatrales ni tan heavies, pero su clase y contundencia eran innegables. Rock maduro, sucio, pero elegante.

En 1982 lanzan "Rough Diamonds", su último disco con la formación original. Las tensiones internas y el desgaste tras años de gira y éxito los llevan a disolverse. El rock llora. Paul Rodgers se aleja de la banda y durante unos años, Bad Company desaparece del mapa… pero no del corazón de sus fans.

Como buen mito, Bad Company resucita. Pero sin Paul Rodgers. En su lugar entra Brian Howe (ex Ted Nugent), con una voz más ochentera y un sonido más pulido, casi AOR (rock orientado a la radio).

Aunque la esencia era distinta, estos discos triunfan en EEUU y mantuvieron viva la llama para una nueva generación. Pero muchos fans de la vieja escuela aún añoraban a Rodgers...

En 1998, Paul Rodgers y Simon Kirke se reunieron bajo el nombre original. Las giras comenzaron a lo grande, aprovechando el renacimiento del interés por el rock clásico. Aunque Mick Ralphs y Boz Burrell estuvieron intermitentemente, ver a Rodgers al frente de Bad Company era un sueño cumplido para los puristas.

La muerte de Boz Burrell en 2006 marcó el final simbólico de la formación original.

Bad Company nunca fue escandalosa. No quemaban hoteles ni vivían en tabloides. Su rollo era otro: música sólida, letras sinceras, actitud honesta. Y por eso su legado perdura.

Paul Rodgers ha seguido activo, incluso cantando con Queen en giras mundiales, y su voz, increíblemente, sigue intacta. Un caso único.

Bad Company fue (y es) sinónimo de autenticidad. No necesitaron fuegos artificiales ni poses ridículas. Bastaban una guitarra afilada, una voz de trueno y canciones que hablaban de amor, deseo, gloria y perdición. Fueron, -y siguen siendo-, la banda sonora de los que amamos el rock con alma.





sábado, 5 de julio de 2025

DEF LEPPARD, DEL SUEÑO JUVENIL AL OLIMPO DEL ROCK

En las húmedas calles industriales de Sheffield, Inglaterra, un joven estudiante llamado Rick Savage tocaba el bajo en una banda escolar llamada Atomic Mass. En noviembre de 1977, el guitarrista Pete Willis reclutó a un compañero de escuela llamado Joe Elliott como cantante. Elliott, fanático empedernido de David Bowie y T. Rex, propuso un nuevo nombre: Def Leppard, una variante estilizada de "Deaf Leopard".

Rápidamente se unió el baterista Tony Kenning, y en poco tiempo ya estaban componiendo y ensayando como locos. Pero Kenning abandonó pronto, y tras una breve transición llegó el baterista definitivo: Rick Allen, con apenas 15 años.

Su primer álbum, "On Through the Night" (1980), fue una buena carta de presentación. Mezclaba influencias del heavy británico con el rock melódico americano. Aunque fue criticado por sonar "demasiado estadounidense", el disco les abrió puertas en EE.UU., donde empezaron a construir su imperio.

Pero fue con "High 'n' Dry" (1981) cuando las cosas empezaron a ponerse serias. Producido por el mítico Robert John "Mutt" Lange, el disco incluía temazos como "Let It Go" y la balada "Bringin' On the Heartbreak". Este álbum les colocó en el radar mundial, justo cuando el movimiento NWOBHM (New Wave of British Heavy Metal) ardía con fuerza.

Aquí fue donde Def Leppard explotó como una supernova. "Pyromania" (1983), otra vez con Mutt Lange a los mandos, fue una obra maestra del hard rock comercial. Con riffs contagiosos, coros de estadio y una producción cristalina, el disco incluía clásicos eternos como "Photograph", "Rock of Ages" y "Foolin’".

El álbum vendió más de 10 millones de copias solo en EE.UU. y convirtió a Def Leppard en los nuevos reyes del rock de estadio, rivalizando incluso con los mismísimos Van Halen o AC/DC.

Pero no todo era gloria. En Nochevieja de 1984, el joven baterista Rick Allen sufrió un brutal accidente de coche que le costó el brazo izquierdo. Todo parecía terminado. Pero contra todo pronóstico, Allen no se rindió. Se empeñó en volver a tocar, diseñó un kit electrónico personalizado, y regresó a los escenarios con más fuerza que nunca. Su espíritu indomable se convirtió en símbolo de la banda.

Después de años de trabajo (y problemas personales), lanzaron "Hysteria" en 1987. Y fue todo un bombazo.

Producido con obsesiva perfección por Lange, el disco sonaba casi futurista. Cada canción era un himno: "Pour Some Sugar on Me", "Love Bites", "Hysteria", "Armageddon It", "Animal"… Una tras otra, todas reventaban las listas.

El disco vendió más de 20 millones de copias y catapultó a Def Leppard al olimpo del rock junto a Bon Jovi, Guns N’ Roses y U2.

Pero el precio del éxito fue alto. Steve Clark, guitarrista principal, estaba hundido en el alcohol. En 1991 murió por una mezcla letal de medicamentos y alcohol. Su pérdida fue devastadora para la banda. Clark era el alma en la composición musical del grupo, con su estilo "riff melódico" y su imagen de guitarrista atormentado.

Pese al dolor, la banda decidió seguir adelante. Entró Vivian Campbell (ex-Dio y Whitesnake), y completaron el siguiente capítulo.

"Adrenalize" (1992) salió en plena era grunge, cuando el glam rock estaba siendo devorado por Nirvana y Pearl Jam. Pero aún así, Def Leppard logró que el álbum debutara en el 1 en EE.UU. y Reino Unido, con hits como "Let's Get Rocked" y "Have You Ever Needed Someone So Bad".

Los años siguientes fueron más duros. "Slang" (1996) intentó modernizar el sonido de la banda, con menos guitarras y más influencias alternativas. No funcionó comercialmente, pero marcó su valentía para evolucionar.

Volvieron al sonido clásico con "Euphoria" (1999), y aunque ya no dominaban las listas, se consolidaron como banda de culto con millones de fans fieles en todo el mundo.

A lo largo del siglo XXI, Def Leppard ha seguido girando, grabando y llenando estadios. En 2015 lanzaron su álbum homónimo, "Def Leppard", lleno de energía y respeto por su legado.

En 2022 fueron incluidos en el Rock and Roll Hall of Fame, un reconocimiento largamente merecido. Ese mismo año lanzaron “Diamond Star Halos”, un tributo a sus raíces glam y glitter.

Def Leppard no solo vendió más de 100 millones de discos. Crearon himnos inmortales, resistieron tragedias, reinventaron el hard rock con producción de élite, y demostraron que el rock no es solo música: es perseverancia, pasión y actitud.