Nunca la medicina ha combatido el cáncer con cataplasmas ni "agua del carmen". Saben los galenos que para derrotar su aviso de condena, además de mirarle sin parpadeo a los ojos, deben plantarse firmes y zurrarle sin piedad aunque se doble a su paciente.
Son estos tiempos difíciles para casi todos, con un presente retorcidamente negro para muchos y con unas perspectivas de futuro que hacen tambalear al más pintao y....no pasa casi nada.
Frente a los problemas que arrecian y acompañan a este primer mundo desde el año 2007, nos hemos plantado en el campo de batalla como un ejército de corderitos que balan y balan flojito, como pidiendo permiso, como llamando al degüello a los dioses de todos los males, en lugar de sacar músculo y zumbar a troche y moche.
Las calles de nuestro idolatrado Occidente están en silencio, todo parece justificado, llevadero con resignación y lo asumimos sin esfuerzo para no cansar una vagancia trabajada frívolamente en los años de una bonanza artificial.
También lo sentimos en una música, ahora hueca, tontorrona y bufona de un sistema enclenque. A los peores momentos le cantamos y sonamos más flojito, no se vaya a enfadar alguien y nos regañe. Si hacemos un repaso a los "referentes", a los "faros" musicales patrios, a los que más discos venden por estos lares, palidecemos cuando hacen desfilar moñamente unas letras y unos sonidos que no atacan el cáncer diagnosticado a nuestra sociedad. Se limitan a babosearle, a coquetear con él, que no están los tiempos para pasar un mal ratillo y angustiarse por una nadería.
Son estos tiempos difíciles para casi todos, con un presente retorcidamente negro para muchos y con unas perspectivas de futuro que hacen tambalear al más pintao y....no pasa casi nada.
Frente a los problemas que arrecian y acompañan a este primer mundo desde el año 2007, nos hemos plantado en el campo de batalla como un ejército de corderitos que balan y balan flojito, como pidiendo permiso, como llamando al degüello a los dioses de todos los males, en lugar de sacar músculo y zumbar a troche y moche.
Las calles de nuestro idolatrado Occidente están en silencio, todo parece justificado, llevadero con resignación y lo asumimos sin esfuerzo para no cansar una vagancia trabajada frívolamente en los años de una bonanza artificial.
También lo sentimos en una música, ahora hueca, tontorrona y bufona de un sistema enclenque. A los peores momentos le cantamos y sonamos más flojito, no se vaya a enfadar alguien y nos regañe. Si hacemos un repaso a los "referentes", a los "faros" musicales patrios, a los que más discos venden por estos lares, palidecemos cuando hacen desfilar moñamente unas letras y unos sonidos que no atacan el cáncer diagnosticado a nuestra sociedad. Se limitan a babosearle, a coquetear con él, que no están los tiempos para pasar un mal ratillo y angustiarse por una nadería.
Ahora, más que nunca, los frontman deben escupir realidades y alternativas para reavivar y mover unos espíritus circunspectos que vagan por las pistas de los pabellones para que su posterior paseo por las calles deje de ser deambulante y mortalmente zombie. Las guitarras deben bramar lo que ahora callan, traernos los aceros que cortan la miseria, y los bateras deben empezar a marcar el ritmo de ataque de quienes nunca se escondieron ni en la pista de concierto ni en la calle, exiliando por siempre a quienes, ahora, se limitan a dar la espalda a la escena mientras chatean con el "whatsapp" para publicitar a otros blanditos una nueva muesca de sus conciertos MTV.
¿Por qué duermen los guerreros?. ¡¡¡Despertad ya!!!.
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