SIEMPRE NOS QUEDARÁ EL ROCK (PEPE HOMER)

sábado, 11 de diciembre de 2010

De “LO MOVIDO” a “LO LENTO”, pasaporte a la gloria

Dicen los “teenagers”, después de una paciente explicación de este abuelo rocker, que aquel formato discotequero en los 70/80 de interminable vaivén de “lo movido” y “lo lento” ya no existe y se extrañan, entre risitas, que alguna vez haya podido existir tamaña triquiñuela para alentar el roce más o menos interesado entre chic@s.

Relatan que hoy en día, parafraseando mis recuerdos, todo es “movido” y que ya no hacen falta excusas en forma de música “lenta” para arrimar cebolleta a las chavalas; que son ellas las más de las veces las que entran buscando guerra...y la encuentran, en frío, sin prolegómenos.

Desde siempre los jóvenes han cambiado formas, modas y costumbres para que cada generación tenga una identidad recordable, histórica, mejor con gloria pero, llegado el caso, da igual con pena, porque este mundo a quien nunca perdona es a los neutros, porque son olvido presente y el olvido no llega ni a la categoría de purgatorio. Del olvido nunca se regresa.

Seguramente los jóvenes de dieciocho primaveras no han cambiado tanto como aparentan y no son muy diferentes a sus cincuentones padres. Quieren amigos y, por supuesto, también quieren amigas. Les siguen tirando más dos tetas que dos carretas y, por eso, resulta difícil concluir la causa del destierro del lado más romántico de la música.

Era bonito y el pan nuestro de cada sábado. Nos calentábamos con buenos brincos, convulsiones y revueltas al son atronador del rock más pesado y, a su media hora justa y bien contada, nos apagaban las luces y mezclaban a dos platos las baladas más increíbles que el rock haya parido. “Lo lento” escopetaba, también a los más tímidos, hacia los brazos y curvas de esa chica que teníamos bien localizada desde siempre para arrastrarla con su permiso a ese baile que todavía nos calentaba más y que escondía, según el día, un abrazo, un magreo, un pico o un morreo en toda regla. Era un pasaporte a la gloria desde el lado más romántico y pasional del rock.

Muchas han sido las baladas que han fraguado una duradera relación y muchas han sido las baladas que han acompañado roces inconfesables que perduran escondidos en la memoria de much@s. “Angie” (The Rolling Stones) invitaba a ese toque indiscreto y quedábamos hasta bien.

Desde hace tiempo, desde que las baladas quedaron en álbumes descatalogados, todo es más crudo, más pastillero y alcoholero y la excusa para acercarse a esa chica a la que tienes echado el ojo es más rancia, más botellonera e impertinente. Ya no hay pasaporte a la gloria sino una invitación a la disculpa.

Yo me quedo con "Angie".




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