No,
no y no, estos trincones temporeros de la poltrona no se conforman con que este
servidor, que no servil, sea un tonto útil, ni sacia su ego que seamos legiones
sudorosas de currantes con aspiraciones de clase media que nunca tocarán la
riqueza que producen, porque ese fruto ya tiene dueño en el cártel del contacto
y la influencia.
Se
recrean estos charlatanes del telediario en la suerte del engaño y el malabar,
en el baile de un pañuelo que nos hipnotiza y que, con una baratija de tarde en
tarde, nos sujeta a un tajo que al final creeré es nuestro eterno compañero de
viaje.
Disfrutan
con los empellones que acorralan a la muchedumbre productora en el gueto de la
tontería útil y creemos estar en una especie de romería político-festiva donde negamos
que el refresco es una hiel repugnante que no quita la sed y vacía tus roídos
bolsillos.
Nunca
hicieron méritos ni el trabajo, ni el esfuerzo ni la buena fe de las gentes que
somos de bien en esta vida programada desde las más altas instancias, para que
las migajas que retribuyen nuestra esclavitud en forma de minúscula nómina, -el
que la tenga-, terminen siendo fusiladas a impuestos y cotizaciones para pagar
con artes de birlibirloque los desmanes del poder, llevando a la bancarrota a
la gran masa social y a un futuro senil dependiente de una prestación
contributiva a la baja, cuando no de una prestación no contributiva de ruina.
Pero
esta apretura y burla al populacho no contenta al cártel dominante del momento,
de cada momento de nuestras vidas. No satisface su glotonería infinita, y
quieren más y más números positivos en sus cuentas opacas de aquí y de allende
los mares. No es cuestión de meter la mano en la caja, que ya está muy visto y
su utilidad marginal repite como el ajo.
Ahora
está de moda llevarse la caja entera con la desfachatez del que se considera
intocable, con su llave, la habitación y toda la casa entera que la alberga.
Vamos, lo que viene siendo robarte y cagarte en la mochila. Robarte para
dejarte sin nada y cagarte en la mochila para recordarte que para ellos, además
de tonto útil, eres un perfecto imbécil.
La
corrupción político-económica se ha instalado cómodamente desde siempre por
doquier, ahora transfigurada por los noticiarios de TV, radio y prensa digital en
un “reality show” que deja a “Gran Hermano” a la altura de una novena para
beatas.
Esta
corrupción de todos los días, es una fea vecinita que ni queremos ni hemos
elegido, que se mantiene en la cresta de la ola como parte inseparable de un
poder mal entendido que ha llegado a unos extremos asfixiantes, insultantes,
despreciables y deprimentes para el pueblo llano.
Somos
mayorcitos para creer en cuentos de hadas y en héroes de comic que aparecerán salvadores
con su capa al viento para librarnos a mamporros de esos grandes simios del “mío-mío,
to-pa-mi y pa-ti, na”.
Mi
granito de arena ha sido abandonar mi querida mochila en la cuneta de este
maldito camino, llenita de mierda y orines para que el listillo que la choricee
se pringue sus blancas, blandas, lisas y sudorosas manos de pajillero con la
pócima que le recordará su gemela esencia, su verdadero yo.
Ahora
me seguirán robando a cara descubierta mientras se discute en una pose
colectiva vergonzante por la independencia de los tres poderes, pero se tendrán
que cagar encima o, bien pringaditos, en una mochila que ya no tiene dueño y, seguro,
terminará viéndoseles el culo.
Tonto útil...pero no imbécil.
Tonto útil...pero no imbécil.
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