Alex era un pequeñajo vivaracho, rubio y con unos grandes y redondos ojos que empezaba a dar sus primeros pasos y decíamos "...este chico es un muelle, no para quieto un momento...". Corría salón arriba, salón abajo, constante, preciso, cadencial, hasta la eternidad y la saciedad, un adelanto del ritmo que se nos venía encima.
Ya desde su "parque de juegos", con un gran chupete en la boca y agarrado a su borde, saltaba sin parar "bailando" la música y vídeos de rock que bramaban a través de dos buenas pantallas "Magnat".
Todavía chavalín nos llamaron del colegio para advertirnos que sus compañeros de clase tenían déficit de atención porque Alex no paraba de "palillear" en el pupitre con sus lápices, sus primeras baquetas. Todo lo "palmeteaba" para marcar su propio ritmo de vida.
Y así, siempre, porque lleva grabado a fuego en su frente la palabra "drummer".
Estaba cantado y llegó la primera batería Roland, básica, que colocó en el único hueco que quedaba en su cuarto. Respiró después de tanto tiempo. El no quería la batería para hacer una banda con la que llegar a ser famoso, ni que le ayudara para ligar con las chicas. El necesitaba la batería para marcar el latido a su vida.
Se quedó pequeña la Roland más básica, y llegó la Roland más grande que metió con calzador en su cuarto. Su mesa de trabajo, su cama y su batería están juntos, casi todo lo que necesita. No la puede tener lejos, ni siquiera en un local de ensayo; la tiene siempre a su vera porque tiene que tocarla "ya" cuando tiene la necesidad de acariciarla. Crece y crece y se baña en un mar de satisfacción autodidacta.
Siempre toca para él, a diario, para recargarse las pilas de vida. La batería es su aliada, su amiga, su cómplice y se retroalimentan juntos. Es una relación eterna porque están hechos el uno para la otra. El uno sin la otra son menos.......juntos son envidiables.
Todos los demás somos meros espectadores de su romance y pasión y, a veces, nos dejan disfrutar de su relación.
Alex "Hammer", drummer de nacimiento...drummer de por vida.
Ya desde su "parque de juegos", con un gran chupete en la boca y agarrado a su borde, saltaba sin parar "bailando" la música y vídeos de rock que bramaban a través de dos buenas pantallas "Magnat".
Todavía chavalín nos llamaron del colegio para advertirnos que sus compañeros de clase tenían déficit de atención porque Alex no paraba de "palillear" en el pupitre con sus lápices, sus primeras baquetas. Todo lo "palmeteaba" para marcar su propio ritmo de vida.
Y así, siempre, porque lleva grabado a fuego en su frente la palabra "drummer".
Estaba cantado y llegó la primera batería Roland, básica, que colocó en el único hueco que quedaba en su cuarto. Respiró después de tanto tiempo. El no quería la batería para hacer una banda con la que llegar a ser famoso, ni que le ayudara para ligar con las chicas. El necesitaba la batería para marcar el latido a su vida.
Se quedó pequeña la Roland más básica, y llegó la Roland más grande que metió con calzador en su cuarto. Su mesa de trabajo, su cama y su batería están juntos, casi todo lo que necesita. No la puede tener lejos, ni siquiera en un local de ensayo; la tiene siempre a su vera porque tiene que tocarla "ya" cuando tiene la necesidad de acariciarla. Crece y crece y se baña en un mar de satisfacción autodidacta.
Siempre toca para él, a diario, para recargarse las pilas de vida. La batería es su aliada, su amiga, su cómplice y se retroalimentan juntos. Es una relación eterna porque están hechos el uno para la otra. El uno sin la otra son menos.......juntos son envidiables.
Todos los demás somos meros espectadores de su romance y pasión y, a veces, nos dejan disfrutar de su relación.
Alex "Hammer", drummer de nacimiento...drummer de por vida.
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