Camino solito conmigo mismo en el anonimato de la gran ciudad, con los bolsillos llenos de unas manos incapaces de ayudar en este desaguisado infame de valores económico y social.
Muchas caras tristes se me cruzan como un frío helador de la sangre más caliente y con rubor me obligan a bajar la mirada a un suelo áspero, frío, sucio, interminable, que resuena con exceso el drama de muchas personas, de muchas familias, de muchos hermanos en esta desfigurada sociedad del bienestar.
Aparece dibujado nuestro rol como el de unos perfectos gilipollas para ese escuadrón de listos políticos, financieros, banqueros y bancarios disfrazados de gente de bien con alma asquerosa, al rancio servicio de unos glotones ricachones que siempre dominarán el mundo. Nos mantienen en la brecha, en el tajo y en el surco para que sigamos llenando sus arcas de una riqueza que les pertenece por mor divino, si o si, que aunque desborde caerá a un suelo que también es suyo por los siglos de los siglos, amén.
Somos un mal dato en sus "Sicav's", en sus réditos, en sus cuentas de resultados, porque a mitad y menos de nuestro pírrico precio ganarían mucho más. Les molestamos porque les respiramos su aire y lo impregnamos todo con un olor vulgar que no es el suyo disfrazado de Loewe.
La democracia es tontorrona y el mal menor de una dictadura que, ahora, no cañonea bombas ni da hostias chusqueras a los plebeyos, pero donde al amparo de una Ley hecha a la medida de los ricos influyentes, todo aquel mogollón de listos a su servicio te dejan con el culo al aire a las primeras de cambio.
Debemos despertar y ser menos bobalicones porque, aunque sea nuestro sino, los cuentacuentos terminaron cuando dejaron de colgarnos los mocos en los guiñoles infantiles.
Ahora solo nos queda romper una Ley injusta que favorece a los diosecillos del poder que, pase lo que pase, siempre ganan, o rescatan a sus esbirros, mientras tu pierdes, como siempre.
Breaking the law...
Muchas caras tristes se me cruzan como un frío helador de la sangre más caliente y con rubor me obligan a bajar la mirada a un suelo áspero, frío, sucio, interminable, que resuena con exceso el drama de muchas personas, de muchas familias, de muchos hermanos en esta desfigurada sociedad del bienestar.
Aparece dibujado nuestro rol como el de unos perfectos gilipollas para ese escuadrón de listos políticos, financieros, banqueros y bancarios disfrazados de gente de bien con alma asquerosa, al rancio servicio de unos glotones ricachones que siempre dominarán el mundo. Nos mantienen en la brecha, en el tajo y en el surco para que sigamos llenando sus arcas de una riqueza que les pertenece por mor divino, si o si, que aunque desborde caerá a un suelo que también es suyo por los siglos de los siglos, amén.
Somos un mal dato en sus "Sicav's", en sus réditos, en sus cuentas de resultados, porque a mitad y menos de nuestro pírrico precio ganarían mucho más. Les molestamos porque les respiramos su aire y lo impregnamos todo con un olor vulgar que no es el suyo disfrazado de Loewe.
La democracia es tontorrona y el mal menor de una dictadura que, ahora, no cañonea bombas ni da hostias chusqueras a los plebeyos, pero donde al amparo de una Ley hecha a la medida de los ricos influyentes, todo aquel mogollón de listos a su servicio te dejan con el culo al aire a las primeras de cambio.
Debemos despertar y ser menos bobalicones porque, aunque sea nuestro sino, los cuentacuentos terminaron cuando dejaron de colgarnos los mocos en los guiñoles infantiles.
Ahora solo nos queda romper una Ley injusta que favorece a los diosecillos del poder que, pase lo que pase, siempre ganan, o rescatan a sus esbirros, mientras tu pierdes, como siempre.
Breaking the law...