SIEMPRE NOS QUEDARÁ EL ROCK (PEPE HOMER)

viernes, 24 de enero de 2014

Economía global sostenible, la guinda del equilibrio mundial

Recordando hasta donde alcanza nuestra memoria histórica, vemos como ha desfilado una interminable plaga de hordas levantiscas y ejércitos acorazados de mercenarios guerreando por el insaciable interés de sus laureados amos, siempre a sangre y fuego, saqueando todas y cada una de las haciendas, con su honra, de quienes desmembraban con el arma de su soldadesca.

Arrasaban aquí, allí y allende los mares con la misma ligereza y habitualidad que quien cada tarde dominguera recoge manzanilla por la campiña para hacerse pócimas que amainen los gases del vientre.

Épocas donde era obligado cepillarse a todos los vecinos, -y por supuesto a las vecinas más jóvenes y lozanas-, dándoles boleto hasta el infierno con abundante parafernalia sanguinolenta por el simple hecho de pisar firme frente a los poderosos de turno.

La verdad es que tanta sangre y amputación resultaban muy desagradables para el día a día, amén de un actuar repetitivo y tostón para los libros de historia. Hoy me tocaba a mi y mañana eras tu quien teñía la espada de rojo y el alma de negro, enterrando los cuerpos destrozados del campo de batalla. Casi todos los héroes eran militares que daban nombres a plazas y calles, vitoreando pisotear en campo ajeno o defender con la victoria, o como mártir en la derrota, el honor de una patria metida a empellones y codazos en un mapa político siempre discutido y discutible.

Tuvo que ser la vieja Europa quien a mediados de la vigésima centuria, desangrándose por todas sus heridas, la que se convenciera de que aquel no era el camino y decidiera poner fin a este carnaval histórico de guerras cíclicas, convenciéndose que solo con la unidad económica, primero, y la unidad política, después, se podría alcanzar un nivel suficiente de confort social que evitase la tentación quinquenal de pegar de mamporros al prójimo.

Con el siempre preceptivo permiso de los Señores, que haberlos hay y por mucho que nos pese, se va consiguiendo a trancas y barrancas, gota a gota, algo parecido al más avanzado equilibrio de intereses que ha conocido nuestra negra historia y, espero, se haga extenso como buen comienzo a todos los rincones de este martirizado globo.

Es difícil, pero tiempo al tiempo. La guerra sigue siendo un negocio para muchos Señores y, amigo, si hay “money” de por medio y en juego, se provocan y se alimentan los conflictos guerreros más allá de sus fronteras, que no están los tiempos para fastidiar las cuentas de resultados de las empresas de armamento y los Estados que las cobijan.

Solo con una economía global sostenible que acorte las inaceptables diferencias sociales, al menos las más básicas, podrán detenerse los cañoneos de fuego que incendian por doquier unos territorios que con la internet, el skype y el whatsapp son como nuestros en un menguante pañuelo donde nos encontramos todos bien apretados.

Conseguir una economía global sostenible, sería la guinda del equilibrio mundial.