SIEMPRE NOS QUEDARÁ EL ROCK (PEPE HOMER)

lunes, 21 de julio de 2014

Demasiado tonto ilustrado

Estoy como gallina en corral ajeno y no veo por donde escapar de este cacareo atronador e incomprensible. No me integro en esta empalagosa “perfomance” que me rodea, fruto de un colectivo barbilampiño y ortopedia siliconada, parido por la hamburguesa y el “manga”.

El sentido común, la salvaguarda de la esencia práctica de nuestra tradición, el rigor empírico y la experiencia ligada a la percepción sensorial como instrumento para la formación del conocimiento y la dirección de nuestra existencia, están “demodé”.

Ahora, los superhéroes de papel couché gobiernan, -desde su inmaculado estucado-, nuestros pasos, nuestros gustos, nuestros curros y nuestras vidas. Esgrimiendo el parágrafo “no hagas caso de la gente, la tecnología es más divertida”, se regodean en avergonzar a sus ancestros por un pasado condecorado con algunas medallas que sí fueron justas.

Han rellenado su vida de ausencia práctica a cambio de una teoría ramplona bautizada de innovación donde no huele, ni un poco, a sudor de garaje. No son conscientes estos mandos aniñados que han vivido raquíticamente sin pararse un momentito a observar y respetar la vida de los demás, que es parte de la suya.

Para estos turbo-gestores del siglo XXI, la calle es donde hace un frío o calor insufribles, según las fechas del almanaque, y donde sus preciados zapatos, a los que han dedicado demasiado tiempo en abrillantar, se mojan y embarran esos días odiosos de lluvia entre tanto caminante anónimo que les estorba; un espacio baldío por el que se pasa sin parar, sin mirar y, lo que es peor, sin sentir.

Antes, el tonto era tonto y ejercía como tal, sin más. Era el claro ejemplo de lo que se debía compadecer por el resto de mortales del montón. Ahora, el tonto se puede ilustrar y lo hace sin complejos, disimulando su baba, engordando su estrecha mollera de una teoría de salón y gobernando con una manita suave y sin callo desde las nubes para tantos involuntarios sufridores. Ya no es ejemplo de lo que se debe compadecer, sino el manifiesto ejemplo de lo que no se debe consentir.

Demasiado tonto ilustrado, “vade retro”.