Estoy como gallina en corral ajeno y
no veo por donde escapar de este cacareo atronador e incomprensible. No me integro
en esta empalagosa “perfomance” que me rodea, fruto de un colectivo
barbilampiño y ortopedia siliconada, parido por la hamburguesa y el “manga”.
Para estos turbo-gestores del siglo
XXI, la calle es donde hace un frío o calor insufribles, según las fechas del
almanaque, y donde sus preciados zapatos, a los que han dedicado demasiado
tiempo en abrillantar, se mojan y embarran esos días odiosos de lluvia entre
tanto caminante anónimo que les estorba; un espacio baldío por el que se pasa
sin parar, sin mirar y, lo que es peor, sin sentir.
Antes, el tonto era tonto y ejercía como
tal, sin más. Era el claro ejemplo de lo que se debía compadecer por el resto
de mortales del montón. Ahora, el tonto se puede ilustrar y lo hace sin complejos,
disimulando su baba, engordando su estrecha mollera de una teoría de salón y
gobernando con una manita suave y sin callo desde las nubes para tantos
involuntarios sufridores. Ya no es ejemplo de lo que se debe compadecer, sino
el manifiesto ejemplo de lo que no se debe consentir.
El sentido común, la salvaguarda de
la esencia práctica de nuestra tradición, el rigor empírico y la experiencia
ligada a la percepción sensorial como instrumento para la formación del
conocimiento y la dirección de nuestra existencia, están “demodé”.
Ahora, los superhéroes de papel
couché gobiernan, -desde su inmaculado estucado-, nuestros pasos, nuestros
gustos, nuestros curros y nuestras vidas. Esgrimiendo el parágrafo “no hagas
caso de la gente, la tecnología es más divertida”, se regodean en avergonzar a
sus ancestros por un pasado condecorado con algunas medallas que sí fueron
justas.
Han rellenado su vida de ausencia
práctica a cambio de una teoría ramplona bautizada de innovación donde no
huele, ni un poco, a sudor de garaje. No son conscientes estos mandos aniñados
que han vivido raquíticamente sin pararse un momentito a observar y respetar la
vida de los demás, que es parte de la suya.
Demasiado tonto ilustrado, “vade
retro”.