Llegó con una sonrisa cuando mi vida era sinónimo de frustración.
Desdibujó
con su alegría un pasado más negro que blanco, que arrinconó como una
caricatura en mi recuerdo.
Dio
alas a una pasión que dura toda una vida.
Nos
regalamos dos joyas que hacen del orgullo algo cotidiano.
Vivimos
cada día un sobresaliente alto que termina en matrícula de honor.
Aunque
el devenir limite mis sentidos, seguirá latiendo sin fin por todo mí ser.
Y
cuando suene el último reloj, lo seguiremos viviendo en la eternidad.
Ella,
mi todo.
