SIEMPRE NOS QUEDARÁ EL ROCK (PEPE HOMER)

viernes, 4 de abril de 2025

¿DÓNDE QUEDÓ EL ESPÍRITU REBELDE DEL ROCK?, ¿SIGUE VIVO O LO ABSORBIÓ EL ALGORITMO?, ¿PUEDE UNA CANCIÓN CAMBIAR ALGO EN ESTE MUNDO SATURADO DE CONTENIDO?...

El espíritu rebelde del rock no ha muerto… pero sí, está de parranda en rincones más oscuros y menos visibles. El problema no es que haya desaparecido, sino que ya no lo vemos ni sentimos en la primera plana de la actualidad, ni suena en la radio que repite playlists plastificadas. El rock rebelde está en garajes, en bares con mala acústica y en corazones que siguen gritando contra la injusticia, aunque nadie los escuche. El mainstream lo domesticó, sí, pero la chispa sigue ahí, esperando que se inflame para incendiarlo todo.

Además, el espíritu rebelde también mutó. Ya no siempre se viste de cuero ni lleva melena hasta los hombros. A veces aparece en géneros inesperados, camuflado entre rimas furiosas o beats distorsionados, pero con la misma rabia de siempre. Porque el rock, más que un sonido, es una actitud. Y esa actitud puede habitar una guitarra eléctrica… o una base cruda con voz áspera que escupe verdades.

El algoritmo es como ese ejecutivo de discográfica de los 80, pero más frío y más exacto. No le importa la autenticidad, sino el engagement. Y claro, muchas bandas han caído en la trampa: canciones hechas para viralizar y no para incomodar. Pero ojo: el algoritmo no puede domar al arte verdadero. Puede ocultarlo, puede disfrazarlo, pero no matarlo. Cada vez que una banda decide no seguir la fórmula, cada vez que un artista grita su verdad sin pensar en el trending, el rock le escupe en la cara al algoritmo.

Y aún así, dentro del mismo sistema, surgen grietas. Hay quienes lo usan como caballo de Troya: entran con estética amigable, pero sueltan verdades que muerden. El algoritmo no distingue rebeldía si viene disfrazada. Y ahí está el nuevo terreno de lucha: hackear el sistema para meterle alma, rabia, verdad.

Una canción no va a tumbar gobiernos por sí sola, -aunque alguna vez estuvo cerca-, pero puede despertar conciencias, unir a los marginados, ser el grito de guerra de quien ya no puede más. En este océano de contenido superficial, una canción sincera es como un puñetazo en la mesa: hace ruido, y a veces, logra que alguien despierte.

Una canción puede ser un refugio, un espejo o una bomba. Puede ayudarte a llorar o empujarte a romper cadenas. Puede sonar en una manifestación, en un cuarto oscuro o en auriculares clandestinos mientras alguien decide que no va a rendirse. Porque cuando todo parece plástico, lo real sacude más fuerte.

Así que sí, el espíritu rebelde del rock está vivo… tal vez no en TikTok, pero sí en cada riff sincero, en cada letra que incomoda, en cada banda que elige sudor antes que cifras. Está en quienes no bajan la cabeza, en quienes hacen arte aunque no rente, en quienes todavía creen que una canción puede ser un acto de resistencia.