En las húmedas calles industriales de
Sheffield, Inglaterra, un joven estudiante llamado Rick Savage
tocaba el bajo en una banda escolar llamada Atomic Mass. En noviembre de 1977,
el guitarrista Pete Willis reclutó a un compañero de escuela llamado Joe Elliott
como cantante. Elliott, fanático empedernido de David Bowie y T. Rex, propuso
un nuevo nombre: Def Leppard, una variante estilizada de "Deaf
Leopard".
Rápidamente se
unió el baterista Tony Kenning, y en poco tiempo ya estaban componiendo
y ensayando como locos. Pero Kenning abandonó pronto, y tras una breve
transición llegó el baterista definitivo: Rick Allen, con apenas 15 años.
Su primer álbum, "On Through the
Night" (1980), fue una buena carta de presentación.
Mezclaba influencias del heavy británico con el rock melódico americano. Aunque
fue criticado por sonar "demasiado estadounidense", el disco les
abrió puertas en EE.UU., donde empezaron a construir su imperio.
Pero fue con
"High
'n' Dry" (1981) cuando las cosas empezaron a ponerse
serias. Producido por el mítico Robert John "Mutt" Lange,
el disco incluía temazos como "Let It Go" y la balada "Bringin'
On the Heartbreak". Este álbum les colocó en el radar mundial, justo
cuando el movimiento NWOBHM (New Wave of British Heavy Metal) ardía con fuerza.
Aquí fue donde Def Leppard explotó como
una supernova. "Pyromania" (1983), otra vez con Mutt Lange
a los mandos, fue una obra maestra del hard rock comercial. Con riffs
contagiosos, coros de estadio y una producción cristalina, el disco incluía
clásicos eternos como "Photograph", "Rock of
Ages" y "Foolin’".
El álbum
vendió más de 10 millones de copias solo en EE.UU. y convirtió a Def Leppard en
los nuevos reyes del rock de estadio, rivalizando incluso con los mismísimos
Van Halen o AC/DC.
Pero no todo
era gloria. En Nochevieja de 1984, el joven baterista Rick Allen sufrió un
brutal accidente de coche que le costó el brazo izquierdo.
Todo parecía terminado. Pero contra todo pronóstico, Allen no se rindió. Se
empeñó en volver a tocar, diseñó un kit electrónico personalizado, y
regresó a los escenarios con más fuerza que nunca. Su espíritu indomable se
convirtió en símbolo de la banda.
Después de años de trabajo (y problemas
personales), lanzaron "Hysteria" en 1987. Y fue
todo un bombazo.
Producido con obsesiva perfección por Lange, el disco sonaba casi futurista. Cada canción era un himno: "Pour Some Sugar on Me", "Love Bites", "Hysteria", "Armageddon It", "Animal"… Una tras otra, todas reventaban las listas.
El disco
vendió más de 20 millones de copias y catapultó a Def Leppard al
olimpo del rock junto a Bon Jovi, Guns N’ Roses y U2.
Pero el precio del éxito fue alto. Steve Clark,
guitarrista principal, estaba hundido en el alcohol. En 1991 murió por una
mezcla letal de medicamentos y alcohol. Su pérdida fue devastadora para la
banda. Clark era el alma en la composición musical del grupo, con su estilo
"riff melódico" y su imagen de guitarrista atormentado.
Pese al
dolor, la banda decidió seguir adelante. Entró Vivian Campbell
(ex-Dio y Whitesnake), y completaron el siguiente capítulo.
"Adrenalize" (1992) salió en plena era grunge, cuando el glam
rock estaba siendo devorado por Nirvana y Pearl Jam. Pero aún así, Def Leppard
logró que el álbum debutara en el nº 1 en EE.UU. y Reino Unido, con hits como "Let's Get
Rocked" y "Have You Ever Needed Someone So Bad".
Los años siguientes fueron más duros.
"Slang" (1996) intentó modernizar el sonido de la banda, con menos guitarras
y más influencias alternativas. No funcionó comercialmente, pero marcó su
valentía para evolucionar.
Volvieron al
sonido clásico con "Euphoria" (1999), y aunque ya no dominaban las
listas, se consolidaron como banda de culto con millones de fans fieles en todo
el mundo.
A lo largo del siglo XXI, Def Leppard ha
seguido girando, grabando y llenando estadios. En 2015 lanzaron su álbum
homónimo, "Def
Leppard", lleno de energía y respeto por su legado.
En 2022
fueron incluidos
en el Rock and Roll Hall of Fame, un reconocimiento largamente
merecido. Ese mismo año lanzaron “Diamond Star Halos”, un tributo a sus raíces
glam y glitter.
Def Leppard
no solo vendió más de 100 millones de discos. Crearon himnos inmortales,
resistieron tragedias, reinventaron el hard rock con producción de élite, y
demostraron que el rock no es solo música: es perseverancia, pasión y actitud.