SIEMPRE NOS QUEDARÁ EL ROCK (PEPE HOMER)

viernes, 8 de agosto de 2025

¿POR QUÉ HA PERDIDO PROTAGONISMO EL ROCK EN EL SIGLO XXI?

La rebeldía del rock, -esa furia sonora que sacudió al mundo entre los años 50 y 90-, parece hoy una sombra de lo que fue. El rock, que un día fue dinamita contra el sistema, hoy suena como música de fondo en centros comerciales. ¿Qué ha pasado?.

La respuesta no es simple, pero sí clara: la rebeldía sigue viva, pero ha cambiado de forma, de canal y de estética. Ya no vive exclusivamente en una Fender enchufada a un Marshall ni en letras furiosas contra la guerra o la represión. Hoy puede gritar desde el rap combativo, desde el trap callejero, desde el raguetón con conciencia social o incluso desde los rincones más oscuros del pop experimental. La actitud sigue, pero ya no viene envasada con riffs y greñas.

El rock, irónicamente, se volvió parte del sistema contra el que luchaba. Sus ídolos ahora llenan estadios patrocinados por bancos, marcas de móviles o cervezas premium. El viejo "rockstar" que encarnaba la transgresión, hoy es casi una figura de museo. ¿Cómo va a ser rebelde alguien que cobra millones por un tour global y tiene acciones en Wall Street?.

Las nuevas generaciones tienen otras batallas: el cambio climático, el racismo sistémico, la salud mental, la precariedad digital. Y esas luchas ya no se canalizan a través de una banda de garaje con amplis a tope. Se combaten en redes, en TikTok, en foros, con memes y activismo digital, en un lenguaje que no tiene nada que ver con el viejo grito del "¡no future!" punk.

Además, hacer música hoy no requiere una guitarra ni una batería. Una laptop y algo de ingenio bastan para construir universos sonoros enteros. El do-it-yourself ya no es exclusivo del punk: ahora está en el hyperpop, el trap lo-fi, el industrial glitch… sonidos agresivos, extraños, muchas veces incomprensibles para el oído rockero clásico. Pero son rebeldía pura, aunque vengan sin distorsión y con auto-tune.

Y sí, lo que antes era escándalo, hoy es rutina. El chico blanco con guitarra gritando contra el sistema ya no incomoda: se ha convertido en un cliché. Las nuevas formas de confrontación pasan por otros símbolos: la identidad fluida, el lenguaje inclusivo, el hacktivismo, la provocación estética o el arte conceptual. La guitarra ya no escandaliza; un TikTok bien tirado, sí.

En definitiva, la rebeldía no ha muerto, simplemente ya no lleva chupa de cuero ni pelos al viento. El rock fue, sin duda, su expresión más poderosa en el siglo XX. Pero en este siglo XXI de algoritmos, pantallas y disidencias líquidas, ha cedido terreno. No porque haya fallado, sino porque el mundo ha cambiado, y los gritos también mutan.

Pero ojo, aún quedan rincones, -y blogs como este-, donde seguimos creyendo que una canción puede incendiar conciencias. Aunque sea solo por nostalgia… o por convicción.