Ronnie James Dio nació como Ronald James
Padavona el 10 de julio de 1942 en Portsmouth,
New Hampshire, aunque se crio en Cortland, Nueva York, dentro de una
familia ítalo-americana humilde y trabajadora. Desde muy joven mostró aptitudes
musicales; tocaba la trompeta, estudiaba música clásica, y tenía una dicción
vocal que ya en su adolescencia era inusualmente poderosa.
En los años
50 y 60 formó parte de varias bandas locales, como The Vegas Kings,
Ronnie
and the Rumblers, Ronnie and the Red Caps y The Elves,
que eventualmente se transformarían en Elf, su primera banda seria con
proyección nacional.
Elf era una banda de rock con tintes de
blues. El destino hizo que telonearan a Deep Purple, y eso cambió su
historia. Roger
Glover y Ian Paice quedaron impresionados
con la voz de Dio, y produjeron varios de sus discos. Así, en 1975, cuando Ritchie
Blackmore decidió dejar Deep Purple y fundar Rainbow,
llamó a Dio para ser su voz.
Rainbow fue la plataforma que catapultó a
Dio al estrellato internacional. Su voz épica, su lírica fantástica y su
presencia escénica encajaban perfectamente con la visión de Blackmore. Grabaron
juntos tres
discos esenciales: Ritchie
Blackmore's Rainbow (1975), Rising
(1976) y Long Live Rock 'n' Roll (1978).
Canciones
como “Man
on the Silver Mountain”, “Stargazer” y “Kill the King”
definieron el heavy metal de fantasía, forjando un puente entre el hard rock de
los 70 y la épica metálica de los 80.
Pero el ego
de Blackmore y la necesidad de control creativo terminaron separándolos. Dio
quería libertad, y no iba a conformarse con menos.
En 1980, el destino le tenía reservado un
trono oscuro: Black Sabbath acababa de despedir a Ozzy Osbourne,
y Tony
Iommi vio en Dio al vocalista ideal para reinventar la banda.
El resultado
fue “Heaven
and Hell” (1980), uno de los discos más importantes en la historia
del metal. Su voz renovó a Sabbath, llevándolos a otra dimensión, y canciones
como “Children
of the Sea”, “Heaven and Hell” y “Neon Knights”
pasaron al panteón de los clásicos instantáneos.
En 1981, llegó “Mob Rules”, otro trallazo directo al alma. Pero las tensiones internas (y las drogas) hicieron que Dio dejara la banda en 1982.
Ronnie se sacó de la manga su propio
proyecto: DIO.
Junto al enorme Vinny Appice (batería, ex-Sabbath), el jovencísimo Vivian Campbell
(guitarra) y Jimmy Bain (bajo), lanzó un debut que sacudió el mundo:
“Holy
Diver” (1983).
Ese disco es historia viva del heavy metal: “Holy
Diver”, “Rainbow in the Dark” y “Stand Up and Shout”.
Era Dio en
su máxima expresión: líricas mitológicas, riffs arrolladores y una voz como un
trueno celestial.
Durante los
80, DIO editó más discos legendarios: The
Last in Line (1984), Sacred
Heart (1985) y Dream Evil
(1987).
A pesar de
los cambios de formación, Dio mantuvo un nivel altísimo. Su figura era ya
venerada como un dios del metal. En los 90, aunque el grunge sacudió la
industria, Dio no se rindió: sacó Lock Up the Wolves (1990), Strange
Highways (1993) y Angry Machines (1996).
En 2006, los astros se alinearon. Dio
volvió a unir fuerzas con Tony Iommi, Geezer Butler y Vinny Appice. Como Ozzy
aún estaba activo, decidieron llamarse Heaven & Hell. Grabaron The Devil You
Know (2009), un disco oscuro, maduro y brutal, con joyas como
“Bible Black”.
La gira
mundial fue un éxito total. El mundo se rendía, una vez más, ante la voz del
pequeño gigante.
En 2009, Dio fue diagnosticado con cáncer de
estómago. Siguió luchando con coraje, recibiendo el cariño de
millones de fans. Pero el 16 de mayo de 2010, el mundo del metal lloró:
Ronnie James Dio fallecía a los 67 años.
Dio popularizó el
gesto de los “cuernos del diablo” (mano cornuta), aprendido de
su abuela italiana, que lo usaba como señal para ahuyentar el mal de ojo.
Ronnie James
Dio fue más que una voz. Fue una fuerza. Un alquimista sonoro. Un arquitecto
del heavy metal. Mientras haya alguien que alce los cuernos, que cante “Holy
Diver” a todo pulmón, que crea en la fantasía y en la música como poder
místico... Dio
vivirá por siempre.