En 1973, cuando el hard rock británico
rugía con fuerza desde las entrañas del Reino Unido, surgió una banda que no
venía a experimentar, venía a mandar. BAD COMPANY nació como una supernova. Sus
miembros no eran unos chavales de barrio buscando suerte, sino guerreros
veteranos del rock:
·
Paul Rodgers – La voz. Ex vocalista de Free, con esa
garganta rasgada que podía hacer temblar los cimientos del estadio más grande.
·
Simon Kirke – Batería, también de Free, sólido como un
martillo en cada golpe.
·
Mick Ralphs – Guitarrista, ex Mott the Hoople,
puro veneno melódico en sus riffs.
·
Boz Burrell – Bajista, ex King Crimson, sofisticación progresiva
al servicio del músculo rockero.
Con
semejante formación, no podían fallar… y no fallaron.
Su primer disco, simplemente titulado "Bad
Company" (1974), fue una declaración de guerra a los
débiles de espíritu. Grabado en Headley Grange, el mismo lugar donde Led
Zeppelin forjó parte de su leyenda, este álbum es una biblia del hard rock
elegante: "Can’t Get
Enough", "Bad
Company",
"Ready for Love", "Movin’ On",
"Rock
Steady"… no hay relleno. Es una joya de principio a fin.
Este disco
los catapultó al Olimpo: nº1 en Estados Unidos, giras multitudinarias y estatus
de leyenda al instante.
Bad Company no fue flor de un día. Su racha dorada
continuó: "Straight
Shooter" (1975), "Run With the Pack" (1976), "Burnin’
Sky" (1977) y "Desolation Angels"
(1979)
Durante esta época, Bad Company fue parte
del panteón sagrado junto a Zeppelin, Deep Purple o Black Sabbath. No eran tan
teatrales ni tan heavies, pero su clase y contundencia eran innegables. Rock
maduro, sucio, pero elegante.
En 1982 lanzan "Rough Diamonds", su último disco con la formación original. Las tensiones internas y el desgaste tras años de gira y éxito los llevan a disolverse. El rock llora. Paul Rodgers se aleja de la banda y durante unos años, Bad Company desaparece del mapa… pero no del corazón de sus fans.
Como buen mito, Bad Company resucita. Pero
sin Paul Rodgers. En su lugar entra Brian Howe (ex Ted Nugent), con una
voz más ochentera y un sonido más pulido, casi AOR (rock orientado a la radio).
Aunque la esencia era distinta, estos
discos triunfan en EEUU y mantuvieron viva la llama para una nueva generación.
Pero muchos fans de la vieja escuela aún añoraban a Rodgers...
En 1998, Paul Rodgers y Simon Kirke se
reunieron bajo el nombre original. Las giras comenzaron a lo
grande, aprovechando el renacimiento del interés por el rock clásico. Aunque
Mick Ralphs y Boz Burrell estuvieron intermitentemente, ver a Rodgers al frente
de Bad Company era un sueño cumplido para los puristas.
La muerte de
Boz
Burrell en 2006 marcó el final simbólico de la formación
original.
Bad Company nunca fue escandalosa. No
quemaban hoteles ni vivían en tabloides. Su rollo era otro: música sólida,
letras sinceras, actitud honesta. Y por eso su legado perdura.
Paul Rodgers
ha seguido activo, incluso cantando con Queen en giras mundiales, y su voz,
increíblemente, sigue intacta. Un caso único.
Bad Company fue (y es) sinónimo de
autenticidad. No necesitaron fuegos artificiales ni poses ridículas. Bastaban
una guitarra afilada, una voz de trueno y canciones que hablaban de amor,
deseo, gloria y perdición. Fueron, -y siguen siendo-, la banda sonora de
los que amamos el rock con alma.