La historia de Twisted Sister arranca en 1972,
en Ho-Ho-Kus,
Nueva Jersey, cuando el guitarrista Jay Jay French
(cuyo nombre real es John Segall) forma la banda. Inspirado por grupos como New York Dolls
y el glam británico, el grupo se movía en la escena neoyorquina con una mezcla
de glam rock y actitud punk.
Pero la
verdadera versión de Twisted Sister, la que conocemos y amamos, no nació hasta
unos años después, cuando se unió el frontman definitivo: Dee Snider,
en 1976.
Con su voz potente, carisma desbordante y presencia escénica, Dee transformó
por completo la banda. También comenzó a escribir la mayoría de las canciones,
dándole dirección musical y lírica al grupo.
En esos
primeros años, Twisted Sister fue una banda de bar, tocando covers y
construyendo una base de fans underground feroz y leal,
especialmente en Long Island y Nueva Jersey. Eran guerreros del escenario,
conocidos por shows intensos que rayaban en lo teatral.
Aunque ya eran leyenda en la escena local, las
discográficas no sabían qué hacer con ellos. ¿Eran glam?, ¿Eran metal?, ¿Un
chiste?... Les costó una década conseguir un contrato.
La industria musical simplemente no los entendía.
Sin embargo, la
banda no
se rindió. Se financiaron por su cuenta, lanzaron singles
independientes como "I'll Never Grow Up, Now!"
y "Bad
Boys of Rock 'n' Roll", y participaron en programas de
televisión británicos como The Tube, donde la audiencia
británica los acogió con entusiasmo.
Gracias a ese
impulso europeo, finalmente firmaron con Secret Records en el Reino Unido y
luego con Atlantic
Records en EE.UU.
Su tercer álbum, "Stay Hungry"
(1984), fue el gran bombazo. Con hits como "We're
Not Gonna Take It" y
"I Wanna Rock".
Twisted Sister
se convirtió en un fenómeno mundial. Sus videoclips, exagerados y cómicos,
fueron omnipresentes en MTV. Dee Snider, con su maquillaje,
mallas y actitud rebelde, se volvió un símbolo de la rebeldía juvenil
ochentera.
Además, "We're Not
Gonna Take It" se convirtió en un himno generacional y fue
adoptado por causas políticas, sociales y protestas. Era una declaración de
guerra contra el conformismo y la autoridad.
En 1985, Twisted Sister se vio envuelto en una
batalla más grande que el rock: el enfrentamiento con el PMRC
(Parents Music Resource Center), un grupo liderado por Tipper Gore que exigía
censura en la música.
Dee Snider fue a testificar
ante el Senado de los Estados Unidos, y su discurso dejó
boquiabiertos a los senadores. Vestido como una estrella de rock, Snider defendió con
inteligencia y pasión la libertad de expresión, desmontando los
argumentos del PMRC con elegancia e ironía.
Ese momento fue
histórico. Un músico de hard rock defendiendo los derechos civiles ante el
Congreso… y ganando.
El éxito de "Stay Hungry" fue un
arma de doble filo. El álbum siguiente, "Come Out and Play"
(1985), fue ambicioso pero no conectó tan bien con el público. Y el fracaso de "Love Is
for Suckers" (1987) terminó de sellar la caída.
Problemas
internos, peleas con la discográfica y el desgaste emocional hicieron que Twisted Sister
se disolviera en 1988. Fue un final triste, aunque inevitable.
La banda había luchado contra todo y todos… pero no pudo resistir la presión de
la fama y el negocio.
Durante los 90, la banda estuvo inactiva. Dee
Snider se dedicó a otros proyectos (radio, cine, otras bandas como Widowmaker).
Pero el legado de Twisted Sister no murió. En 2001, tras los atentados del
11-S, se reunieron para un concierto benéfico. La reacción fue tan positiva que
decidieron volver.
A partir de
ahí, vinieron giras, un álbum “navideño metalero” y reediciones. Su regreso fue
con más
respeto que nunca. La crítica y los fans finalmente reconocían
su lugar en la historia del rock.
El baterista A.J. Pero falleció en 2015, y eso
marcó el inicio del final. La banda anunció su gira de despedida,
llamada "Forty
and Fuck It", que culminó en 2016. Fue un cierre digno,
potente, sin traicionar su legado.
Twisted Sister fue mucho más que maquillaje, mallas
y videoclips locos. Fue una banda de obreros del rock, que luchó para
conseguir su lugar. Su música, sus letras y su actitud siguen inspirando a
generaciones de músicos y fans del metal y del hard rock.
Twisted Sister
demostró que la perseverancia y la autenticidad pueden romper
cualquier barrera.
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