Desde las cavernas del tiempo y el grito
de los dioses, nació un rugido eléctrico que incendió los corazones. No era un
dogma, ni un mandato, ni cadenas de opresión, sino un grito libertario que
aplastó la sumisión.
En las calles sin futuro, en los barrios
sin honor, allí donde la miseria construye su pabellón, nació la fe del riff
eterno, del tambor y la pasión, la iglesia de los rebeldes, sin sotanas ni
traición.
Aquí no hay altares fríos, ni profetas con
sermón, solo almas que en la música encuentran su redención. No importa el oro,
la cuna, la sangre o el estatus cruel, el rock nos hace iguales, sin dioses ni
coronel.
Los pobres hallan su grito, los ricos su
rebelión, las fronteras se deshacen en un solo acorde en sol. No hay esclavo ni
hay amo cuando truena la canción, es un fuego indestructible que incendia la
distinción.
Hendrix fue su profeta, Janis su
sacerdotisa y Lemmy su guerrero eterno con el whisky por comunión. Los himnos
son nuestras plegarias, los solos nuestra oración, la distorsión es el verbo,
la batería, el corazón.
Que caigan todas las torres que han parido
la injusticia, que los ricos y poderosos se desangren en su avaricia, pues en
un concierto eterno, bajo el cielo del poder, el rock nos hace libres, nos
enseña a no caer.
Y cuando el mundo se apague en un manto de
ceniza, cuando el último tirano se ahogue en su propia brisa, seguirán sonando
acordes, más allá de la razón, pues el rock es el refugio de la única religión.
Es la verdad sin disfraces, el grito que
no se apaga, el eco de una guitarra que el tiempo nunca desgasta. Que vengan
con sus cadenas, que nos quieran someter, el rock es fuego y ceniza, no lo
pueden detener.
¡Benditos sean los riffs que rugen en cada
alma, las manos que tocan cuerdas, los pies que siguen la marcha!. Que no muera
este credo, que no callen su canción, pues en cada latido late la única
religión.
¡Que el volumen reviente muros, que el
bajo retumbe fuerte, que el mundo se arrodille ante la guitarra y su suerte!.
Somos hijos del estruendo, de la llama y la pasión.
¡El rock es nuestro destino, la única,
justa y auténtica religión!.
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