SIEMPRE NOS QUEDARÁ EL ROCK (PEPE HOMER)

jueves, 13 de marzo de 2025

CUANDO EL VOTO SE CONVIERTE EN UNA TRAICIÓN

Votar es un acto de fe y de esperanza. Uno deposita su confianza en alguien que promete un cambio, que jura representar los intereses del pueblo, que se llena la boca con palabras de justicia, de bienestar, de libertad. ¡¡Pero qué amarga es la sensación cuando ese voto se convierte en una daga clavada en la espalda de la democracia!!.

Porque una cosa es elegir mal, equivocarse por desconocimiento o ingenuidad. Pero otra muy distinta es darse cuenta, demasiado tarde, de que hemos puesto en el poder a un lobo disfrazado de cordero. Un populista que agitó las banderas del descontento, que supo leer la desesperación de la gente, pero que en el fondo tenía otro plan: concentrar el poder, atacar al que piensa distinto, reprimir al pueblo mientras se enriquece con la misma impunidad de los tiranos.

El populista siempre promete el cielo, pero termina construyendo un infierno. Y lo peor de todo es que, cuando el velo cae, ya ha acaparado tanto poder que es difícil detenerlo. Se rodea de aduladores, criminaliza la protesta, persigue a la prensa, manipula la justicia y demoniza a sus opositores hasta convertirlos en enemigos del Estado. Lo vimos en la historia y lo estamos viendo hoy.

Y ahí es cuando llega el golpe de realidad. Ya no hay excusas, ya no hay dudas. El tirano nos ha tomado por idiotas. Nos vendió libertad y nos dio opresión. Nos prometió patria y la está rematando al mejor postor. Nos habló de grandeza mientras destruye todo lo que nos hace un país. Y lo peor, lo más indignante, es que todavía hay quienes lo defienden, quienes prefieren mirar para otro lado, quienes justifican el desastre con el fanatismo ciego de los que ya no quieren pensar.

No hay margen para la tibieza. Al fascista no se le tolera, se le enfrenta. Al traidor del pueblo no se le da tregua, se le desenmascara. Y a los que aún no despiertan, hay que sacudirlos antes de que sea demasiado tarde.

La gran lección es que la democracia no es un cheque en blanco. No basta con votar y desentenderse. Hay que estar atentos, hay que exigir, hay que levantar la voz cuando el gobierno se aleja del pueblo y se convierte en una maquinaria de opresión. Y, sobre todo, hay que aprender. Para que la próxima vez no nos vendan espejitos de colores y terminemos, otra vez, lamentando nuestro propio voto.

Porque la historia ya nos ha enseñado lo suficiente. Ahora es cuestión de que escuchemos y de que actuemos.




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