Tú, que te sientas en un trono construido
con el miedo y el sufrimiento de tu pueblo, que moldeas tus palabras con
mentiras para mantenerte en el poder y conviertes la justicia en un juego
manipulado a tu favor, estas líneas van dirigidas a ti.
Soy un rockero, alguien que encuentra en
la música la libertad que tú pretendes arrancarnos. En cada nota de guitarra,
en cada golpe de batería, en cada grito desafiante de un vocalista, están las
voces de quienes no pueden hablar porque tú los has silenciado. El rock es
insubordinación, resistencia, el grito visceral de quienes no aceptamos
cadenas, ni en el cuerpo ni en el alma.
Tú, con tu despotismo y tus ansias de
control, representas todo lo que el rock detesta. Eres la uniformidad impuesta,
la censura hecha ley, la opresión disfrazada de orden. Pero quiero que sepas
algo, la música, nuestra música, es más poderosa que tus ejércitos y tus muros.
No hay cárcel que pueda encerrar una canción ni balas que puedan silenciar una
idea.
Miras al pueblo desde tus torres de
marfil, creyéndote intocable, eterno. Pero las mismas hordas que ahora
mantienes bajo tu yugo están despertando, y cuando lo hagan, será como un riff
estruendoso que sacude hasta los cimientos más firmes. El cambio no se detiene,
como tampoco lo hace el ritmo de una buena canción. Puede empezar suave, casi
imperceptible, pero cuando llega el estribillo, todo el mundo lo canta al
unísono.
Tus actos, tus mentiras y tus crímenes
quedarán registrados en la memoria de los pueblos. Pero también quedará
registrada la lucha de quienes se atrevieron a desafiarte, quienes encontraron
en sus guitarras y micrófonos las armas que tú nunca podrás confiscar. Porque
al final del día, un dictador es sólo un individuo, mientras que el rock es un
movimiento, una revolución que atraviesa fronteras y generaciones.
No escribo estas líneas para convencerte
de cambiar, porque los tiranos como tú no entienden de empatía ni de redención.
Escribo para recordarte que tu tiempo es finito. Que mientras sigas extendiendo
tu sombra, el rock y quienes lo vivimos seremos el faro que guía hacia la
resistencia.
Así que sigue con tus discursos vacíos,
con tus amenazas y tus cadenas. Nosotros seguiremos creando, cantando y
luchando. Y cuando el día llegue, cuando tus muros caigan y tus mentiras sean
expuestas, seremos nosotros quienes celebremos con un concierto tan estruendoso
que se escuchará hasta en los confines de tu palacio. Porque el rock, como la
libertad, siempre encuentra el camino. Y tú, dictador, no serás más que una
página olvidada en un libro que nadie quiere leer.
Con un riff desafiante, un rockero libre.
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