Desde los corredores polvorientos del
instituto, donde las mochilas pesaban más por el miedo que por los libros,
nacía el rey de los golpes bajos y las carcajadas huecas, el titán de la burla,
el maestro del empujón.
Con su sonrisa torcida como una navaja
oxidada, dominaba patios y pupitres, marcando con su sombra a los que no podían
alzar la voz. Era el dueño del silencio ajeno, el dictador de un reino de
timbres escolares.
El tiempo, implacable pero también
cómplice, lo elevó de los pasillos al podio, de las peleas en el recreo a las
disputas parlamentarias. ¿Qué ironía amarga es esta, que transforma al puño
cerrado en un saludo diplomático?
Ahora, bajo trajes de corte perfecto,
esconde los mismos instintos primarios. El que robaba almuerzos reparte
discursos, pero la esencia sigue intacta, sigue siendo un depredador con
corbata.
Sus palabras, como en los viejos días,
siguen siendo armas arrojadizas. Promesas que resuenan como ecos vacíos, cada
una cargada de un desprecio sutil hacia los mismos a quienes dice proteger.
Los patios han cambiado, pero la dinámica
es la misma. El fuerte pisotea al débil, el astuto se burla del ingenuo, y el
resto observa, impotente, desde las gradas de la indiferencia.
¡Oh, matón de instituto convertido en
líder mundial!, tu ascenso es el símbolo de una tragedia colectiva, de un
sistema que premia la fuerza bruta y olvida la nobleza de espíritu.
Pero cuidado, porque hasta los titanes
caen. Las mismas risas que antes te aplaudían pueden convertirse en cuchicheos
de desprecio. El eco de tus pasos resonará en la soledad del poder, y cuando el
telón caiga, serás solo un nombre más en la larga lista de los que confundieron
temor con respeto.
Y quizá, al final de tu camino, cuando los
espejos de los grandes salones te devuelvan un reflejo ya gastado, recordarás
aquellas miradas temerosas, aquellos gritos que nunca llegaron a ser. Será
entonces cuando la historia reclame su derecho a juzgarte, y los ecos de tu
pasado susurren: «El poder no limpia las manos ensuciadas de abusos».
Matón de instituto ayer, líder mundial
hoy, siempre tendrás mi desprecio.
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