SIEMPRE NOS QUEDARÁ EL ROCK (PEPE HOMER)

viernes, 10 de enero de 2025

MATÓN DE INSTITUTO AYER, LIDER MUNDIAL HOY

Desde los corredores polvorientos del instituto, donde las mochilas pesaban más por el miedo que por los libros, nacía el rey de los golpes bajos y las carcajadas huecas, el titán de la burla, el maestro del empujón.

Con su sonrisa torcida como una navaja oxidada, dominaba patios y pupitres, marcando con su sombra a los que no podían alzar la voz. Era el dueño del silencio ajeno, el dictador de un reino de timbres escolares.

El tiempo, implacable pero también cómplice, lo elevó de los pasillos al podio, de las peleas en el recreo a las disputas parlamentarias. ¿Qué ironía amarga es esta, que transforma al puño cerrado en un saludo diplomático?

Ahora, bajo trajes de corte perfecto, esconde los mismos instintos primarios. El que robaba almuerzos reparte discursos, pero la esencia sigue intacta, sigue siendo un depredador con corbata.

Sus palabras, como en los viejos días, siguen siendo armas arrojadizas. Promesas que resuenan como ecos vacíos, cada una cargada de un desprecio sutil hacia los mismos a quienes dice proteger.

Los patios han cambiado, pero la dinámica es la misma. El fuerte pisotea al débil, el astuto se burla del ingenuo, y el resto observa, impotente, desde las gradas de la indiferencia.

¡Oh, matón de instituto convertido en líder mundial!, tu ascenso es el símbolo de una tragedia colectiva, de un sistema que premia la fuerza bruta y olvida la nobleza de espíritu.

Pero cuidado, porque hasta los titanes caen. Las mismas risas que antes te aplaudían pueden convertirse en cuchicheos de desprecio. El eco de tus pasos resonará en la soledad del poder, y cuando el telón caiga, serás solo un nombre más en la larga lista de los que confundieron temor con respeto.

Y quizá, al final de tu camino, cuando los espejos de los grandes salones te devuelvan un reflejo ya gastado, recordarás aquellas miradas temerosas, aquellos gritos que nunca llegaron a ser. Será entonces cuando la historia reclame su derecho a juzgarte, y los ecos de tu pasado susurren: «El poder no limpia las manos ensuciadas de abusos».

Matón de instituto ayer, líder mundial hoy, siempre tendrás mi desprecio.




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